
Por Nahuel Díaz, periodista y colaborador de G&M News.
¿Qué valor científico y práctico asigna a esta investigación, la primera a nivel federal en Argentina sobre el consumo lúdico de los jóvenes?
Se trata de una investigación rigurosa, que tiene como propósito construir una evidencia empírica, porque no hay información ni estadísticas oficiales sobre la problemática. Sabíamos que existen investigaciones en la provincia de Buenos Aires, que indican que 7 de cada 100 personas tienen desarrollado el consumo problemático, pero no había estudios puntuales sobre cuánto incidía esto en la población de jóvenes de 15 a 29 años. Es una muestra muy grande que tiene más de 9.000 respuestas espontáneas y representativas de las 24 provincias de Argentina y más de 360 localidades, que fue el volumen del tamaño muestral. Para que nos demos una idea, las encuestas con las que se anticipan resultados electorales suelen tener entre 1.500 y 2.000 casos.
¿Cuáles son algunas de las principales conclusiones que arrojó el relevamiento?
Es un estudio muy amplio. Es difícil de sintetizar, pero voy a hacer una selección de lo más relevante. Lo primero es que 4 de cada 10 adolescentes están en este momento apostando o lo hicieron recientemente ¿Quiénes son? Son varones y personas de otros géneros. En términos regionales, es un problema que se destaca en la Patagonia. Otro dato importante es que, entre quienes están apostando, ese hábito aumenta a medida que se incrementa la edad y tiene una correlación con que también a mayor edad de las personas, se utiliza un mayor monto de dinero, apuestan más fuerte. ¿Cuánto tiempo le dedican? 3 de cada 4 personas pasan hasta 2 horas por día. ¿Cuánto dinero? Los varones apuestan el doble mensualmente que las mujeres. Otro dato muy importante es que los sectores medios-bajos, en riesgo inminente de empobrecimiento, apuestan el triple del promedio. La hipótesis es que algunos adolescentes de este sector están tratando de resolver penurias económicas personales del hogar. El problema es que 6 de cada 10 dicen que perdieron poco o nada. Entonces, la proporción que apuestan es alta y la percepción de lo que sienten que pierden es baja. No se produce el dolor de la pérdida; eso está muy potenciado por los dispositivos y plataformas. Además, 3 de cada 4 adolescentes tienen amigos que apuestan, y eso es un factor de riesgo, porque quienes no están apostando se mueven en entornos donde la mayoría sí juega.
¿De qué manera se puede capacitar a los padres y a la comunidad educativa para que controlen y limiten no sólo las apuestas de los menores, sino principalmente el uso excesivo de los dispositivos móviles? ¿Cómo deberían trabajar hoy los gabinetes psicopedagógicos en las escuelas secundarias argentinas para ayudar en ese sentido?
Tenemos una visión más 360 grados. Tenemos un problema social, que está generando mucho daño en la salud mental de los chicos. No se va a resolver rápidamente, de la noche a la mañana, pero va a requerir el involucramiento de muchos actores. Uno es la familia, para hablar con los chicos que sí están apostando. Requiere un involucramiento de las escuelas, que fueron las primeras en advertir el problema. Llegamos a la investigación advertidos por las escuelas, que nos comentaban que estaban apostando en el aula en el medio de la clase. Entonces, deben comprometerse las familias, las escuelas, los clubes, el Congreso de la Nación, las provincias, municipios, para que se sancionen las normas y regulaciones que vayan limitando la actividad. Es un momento donde uno ve la importancia de un Estado presente, porque estas fallas de mercado no las va a arreglar el propio mercado. El mensaje tiene que ser positivo porque es posible resolverlo. Acá se hizo algo similar con la ley antitabaco. Si se toma como modelo eso, hubo que recorrer un largo camino.
¿Qué opina acerca de las diferentes iniciativas legislativas, en distintas zonas del país, para avanzar con la regulación del juego en línea legal y el bloqueo de los sitios clandestinos? ¿Por qué no existen aún políticas públicas nacionales de juego responsable y de cuidado de los apostadores?
En el Parlamento, hay 27 proyectos. Todas las fuerzas políticas acordaron en la importancia y necesidad de hacer algo al respecto. Hay proyectos de todos los bloques: el PRO, los socialistas, peronistas, radicales, partidos provinciales, la Coalición Cívica. Las iniciativas oscilan entre la prohibición, la limitación de la publicidad, el uso de influenciadores, y otros que ponen el foco en un control más riguroso del acceso a plataformas con sistemas biométricos. El proyecto en el cual estamos trabajando con la diputada nacional Constanza Alonso y con Fernando Cavani, concejal de Chivilcoy, es muy estricto respecto a la prohibición total de publicidades y promociones de estos sitios. Tenemos la expectativa de que, en poco tiempo, haya una sanción de la ley y que involucre muchos de estos aspectos. Por supuesto, las escuelas y los clubes deben acompañar con talleres y capacitaciones. En el estudio, se ve que 1 de cada 3 jóvenes sugiere talleres y charlas. Ellos advierten que es un problema: 7 de cada 10 consideran que las apuestas pueden tener efectos negativos sobre la juventud. Entonces, tenemos una oportunidad, porque ellos quieren hablar acerca de este tema que los está afectando. Por eso, el proyecto se llama “Apostar no es un juego”. Muchos sufren insomnio y ansiedad por las apuestas. Eso no es un juego.
A partir de los datos que surgen del documento que elaboraron, ¿qué es lo que cree que deberían hacer las casas de apuestas para incrementar sus esfuerzos en torno a la protección de los usuarios, impedir el acceso de menores a sus plataformas y desarrollar más campañas públicas de concientización?
Creo que tienen una responsabilidad muy grande. Los controles de acceso a sitios son muy laxos. No puede ser que accedas a apostar por el simple hecho de contestar si tienes más de 18 años. Es positivo admitir con honestidad que el 80% de las apuestas es ilegal y sólo el 20% es legal. Muchos sitios legales están preocupados por esta repercusión y han manifestado voluntad de tratar de mejorar con el control biométrico de quienes ingresan a los sitios, un control de registro más riguroso de interconexión de sitios y de las billeteras virtuales. Por ejemplo, si le doy plata a mi hijo por Mercado Pago, y él con un click puede apostar, estaría bien que informen que eso sucede.
¿Tienen pensado continuar haciendo esta clase de relevamientos para aportar al déficit de estadísticas oficiales nacionales respecto a esta temática y así realizar más aportes a la toma de decisiones y la definición de políticas en este sentido?
Obviamente, quienes trabajamos en la investigación siempre tenemos el deseo de poder continuar. La elaboración de este tipo de proyectos es muy costosa. Por supuesto, es un proyecto sin fines de lucro. Todas las personas que participaron pusieron su conocimiento y experiencia a cambio de darle impulso a un proyecto que nos interesa socialmente. Nuestra expectativa es darle sustentabilidad en el tiempo. Nuestro interés es ése: seguir contribuyendo a partir de las investigaciones en la construcción de evidencia empírica que ayude al diseño de políticas públicas. Cuando hay voluntad, interés y una preocupación social sobre un tema, se puede realizar este tipo de trabajos y conducir investigaciones que requieren de mucho más esfuerzo que si tuvieran financiamiento. Es una suerte de invitación a que el Estado y otros actores ocupen esos lugares, porque es el que tiene que construir estadísticas sobre los problemas que aquejan a la sociedad.










