
La muerte de Don Manuel San Román Benavente a los 74 años, ocurrida el pasado 3 de marzo de 2024, sacudió a todos y dejó un hueco profundo e imposible de llenar, no sólo en la industria del juego en Perú y LatAm, sino también a nivel humano, en su familia, amigos y conocidos.
El año pasado, en la cuarta edición de G&M Eventos Perú, realizada el 10 de junio de 2024, se lo recordó en cada charla y panel, señalándolo como el referente que cambió la historia del juego en el país y el que sentó las bases para el lugar destacado que hoy ocupa Perú en el panorama regulatorio de la actividad en la región latinoamericana.
Este año 2025, en la quinta edición de G&M Eventos Perú, los organizadores han decidido homenajear a San Román con la entrega de una plaqueta a su familia que refleje la trascendencia que tenía como ejecutivo y como ser humano. En ese sentido, desarrollamos aquí una semblanza que repasa su vida y trayectoria, así como expresa el invaluable legado que ha dejado en la industria y en sus seres queridos.
CÁLIDO, SOÑADOR Y EMPRENDEDOR
Manuel San Román Benavente nació el 18 de noviembre de 1950 en un sábado soleado en Arequipa. Era el menor de cuatro hermanos, hijo de Dorila y David, y poseía una alegría contagiosa que iluminaba a todos los que lo rodeaban. Creció entre travesuras y risas en las calles de Goyeneche, donde forjó su espíritu libre y juguetón.
Cuando el calendario marcó 1960, con apenas diez años, llegó a Lima junto a su familia, dejando atrás la tranquilidad de las laderas del Misti para enfrentarse al bullicio de una ciudad que crecía sin parar. Cambió de amigos, de colegio, pero nunca de espíritu. Siempre encontraba la manera de que su alegría fuera la llave perfecta para abrir nuevas puertas y forjar amistades.
El colegio le dejó en claro que los números eran lo suyo, y cuando llegó el momento de elegir su camino profesional, la decisión fue sencilla: Ingeniería. Se casó en dos oportunidades. Su primer matrimonio fue con Blanca Herrera, con quien tuvo a su adorado primer hijo, Daniel en 1977. Ya con Daniel en brazos, empuñó su título universitario y partió rumbo a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades, mientras Perú se debatía entre los vaivenes de un gobierno militar que limitaba los horizontes de los jóvenes. En New York, aprendió a empezar de cero -otra vez-, a añorar lo lejano y a soñar en grande. Cuando la oportunidad lo llamó, regresó al Perú, decidido a seguir construyendo su vida junto a sus seres queridos. Formó un hogar con Mónica Saco y con sus hijas Alexandra y María José, a quienes consideró como propias.
Soñador incansable, se reinventó una vez más, como ya estaba acostumbrado, guiado por sus proyectos y su inquebrantable optimismo. Uno de esos anhelos se hizo realidad con el nacimiento en 1997 de Valeria, recordándole que la vida premia a quienes sueñan con el alma. En 2012, se convirtió en abuelo por primera vez con la llegada de Camila y, en 2022, por segunda vez, con su nieto Rafael. Su familia fue su orgullo y su motor para salir adelante siempre.
Manolo -como le decían todos cariñosamente- vivió sonriendo, trabajó disfrutando y amó compartiendo su honesto corazón. En el recuerdo de quienes lo conocieron, basta con mencionarlo para que la alegría se dibuje en el rostro. Su amor, eterno y travieso, seguirá encontrando formas de estar presente, sonriéndole al mundo desde donde esté.
UNA TRAYECTORIA PROFESIONAL INTACHABLE E INSPIRADORA
Con una carrera de más de 27 años en el sector del gaming y las apuestas, San Román fue director general de Juegos de Casino y Máquinas Tragamonedas (DGJCMT) del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR) del Perú desde 2006 hasta 2022.
Durante sus más de 15 años al frente de la institución, dejó una gestión eficiente e intachable al frente de la Dirección, marcada por la formalización del juego presencial peruano, que impactó en la reducción de la ilegalidad y un aumento en la recaudación fiscal para el Estado, así como en la generación de puestos de trabajo y la diversificación de actividades en la industria.
El ejecutivo supo participar de G&M Eventos Perú, donde volcó sus conocimientos y visiones de los grandes retos de la industria a corto, mediano y largo plazos, desarrollando conceptos generales sobre las oportunidades de negocio que se iban a presentar en los diversos países de América Latina.
Tras salir del organismo a cargo del MINCETUR, continuó desempeñándose activamente en el sector. Primero, se sumó a Gaming Consultores, el equipo de asesoría liderado por Luis Gama y Javier Balbuena, desde donde analizó la nueva normativa peruana para regular la explotación de los juegos online y apuestas deportivas a distancia, algo que había quedado pendiente en su gestión.
En 2023, asumió como Director de Compliance del operador peruano líder Apuesta Total, lo que representó un nuevo desafío en su carrera profesional. Hasta sus últimos días, ejerció su tarea con pasión, dedicación y compromiso.
A lo largo de su extensa trayectoria, San Román recibió distintos premios que reconocieron su trabajo, su importancia y su legado como un hombre clave para el sector del juego en Perú y en toda LatAm.
VIVENCIAS FAMILIARES
En esta semblanza, no podemos dejar de compartir el recuerdo latente, sincero y cariñoso de sus seres queridos.
Así lo rememora su hijo Daniel: “Manolo era un hombre extremadamente trabajador y dedicado. Trabajaba durante el día y, al llegar a casa, seguía en su escritorio. Era cuidadoso con los detalles, meticuloso en su manera de hacer las cosas, muy exigente, tanto en el fondo como en la presentación. Recuerdo que, en una ocasión, nos pidió que evitáramos ir a casinos porque no quería que, si algún día ganábamos algo, alguien pudiera malinterpretar nuestra suerte debido a su condición de regulador. Para él, no bastaba con ser honesto; también había que parecerlo, sin dejar dudas. Con cada gesto, advertíamos el tipo de legado que nos estaba formando. En lo familiar, era sumamente bromista. Siempre buscaba sacar una sonrisa, era atento con los invitados, risueño con las visitas y un gran narrador de historias. Cuando contestaba el teléfono haciéndose pasar por otra persona, cuando soltaba un comentario inesperado en una cena o fingía un dolor para luego estallar en una carcajada, hacer reír a quienes lo rodeaban lo hacía feliz. Hoy, es imposible recordarlo sin reír. Es como si hubiese logrado, increíblemente, inundar nuestros recuerdos de risas para evitar llorar su ausencia”.
Prosigue Daniel: “Nos enseñó a trabajar con su ejemplo. Decía que ser correctos no era una opción, sino una obligación. Insistía en que nunca había que bajar los brazos, sino entender que los malos ratos son parte del camino, y que el buen humor debía ser una constante, incluso cuando el escenario fuera adverso. Vivió momentos difíciles: decisiones laborales que trajeron amenazas o intentos de amedrentamiento. En su trabajo, siempre quiso hacer lo mejor para el país, aunque eso lo pusiera en la mira de algunos. Él consideraba que ser valiente no implicaba la ausencia del miedo, sino la posibilidad de tener la capacidad de sobreponerse a él y a actuar a pesar de él”.
Además, Daniel reflexiona: “Siempre pensamos que nuestros padres son héroes, los mejores del mundo. Hoy seguimos viendo el cariño y respeto que le tienen desde afuera de la familia, y eso nos confirma que su trabajo fructificó. Él recibía los reconocimientos con alegría y humildad. Nos los mostraba, los dedicaba, los compartía. Fue muy feliz sirviendo al país. Veo que, para trascender, no hace falta estar vivo: basta con haber sido el tipo de persona a la que uno sigue escuchando, incluso cuando ya no habla más”.
Finalmente, Daniel resume: “Gran anfitrión, amigo leal, trabajador compulsivo, picón en los deportes, cordial con los desconocidos, hermano preocupado, cocinero de corazón, arequipeño orgulloso, esposo dedicado, padre amoroso. Manolo pasó por esta vida buscando ser feliz y hacer felices a los que lo rodeaban. Hoy, sigue aquí, en cada uno de nosotros, en cada recuerdo y en cada risa que compartió. Dejó entre nosotros una parte de él que estoy seguro siempre nos sacará una sonrisa cuando lo recordemos”.

























