Inicio esta nota agradeciendo a G&M News, que amablemente me ha invitado a compartir en este prestigioso espacio reflexiones dirigidas a toda la industria del juego: desde operadores hasta reguladores y proveedores. Sin duda, se trata de una actividad atrapante y dinámica, vinculada estrechamente al entretenimiento a nivel global.
En Argentina, desde los primeros pasos de nuestra organización como Estado, los juegos de azar estuvieron inicialmente asociados con actividades clandestinas o ilegales, como la trata de personas y el tráfico de drogas. Esta circunstancia histórica generó tabúes que aún hoy continúan influyendo en la percepción pública de nuestra industria. Frente a esta realidad, ciertas autoridades políticas tomaron una decisión estratégica y acertada: regular en lugar de prohibir. La lógica era clara: los juegos estaban ya fuertemente arraigados en la sociedad y la prohibición solo incrementaría las actividades ilegales.
LUCHA CONTRA LA ILEGALIDAD
De esta manera, se decidió utilizar los fondos generados por el juego para fines sociales, lo que planteó un importante desafío inicial, ya que existían estructuras poderosas que operaban ilegalmente, conocidas popularmente como “bancas”. Estas bancas intentaban legitimarse mediante donaciones a parroquias y sectores políticos, logrando así cierta protección oficial y creando zonas de tolerancia. Por ello, al principio, la lucha del Estado contra el juego ilegal fue ardua y desigual, aunque no imposible.
Hoy en día, enfrentamos desafíos similares con las nuevas tecnologías: ¿no ocurre lo mismo con el juego online y las apuestas en plataformas ‘.com’, que vulneran fácilmente cualquier restricción estatal? El Estado busca construir marcos regulatorios y políticas claras que permitan una actividad próspera, segura y transparente, pero la ilegalidad no respeta esas normas.
Las políticas iniciales tuvieron que ser flexibles para poder competir en igualdad de condiciones con la estructura ilegal existente. La prioridad siempre fue proteger al apostador y garantizar transparencia, lo que llevó a investigaciones exhaustivas, capacitación constante, formación de equipos especializados e incorporación de tecnología avanzada.
Una vez equilibrada la situación y casi erradicadas las estructuras ilegales tradicionales, surgieron nuevos retos: sectores religiosos que ven al juego como algo pecaminoso y legisladores que, escudándose en el juego problemático, proponen proyectos de ley con restricciones absurdas e incompatibles con los tiempos modernos (limitaciones horarias, medios de pago, relojes visibles, etc.). Tales medidas, lejos de solucionar problemas, vulneran derechos individuales de esparcimiento y ocio, además de no ofrecer ninguna solución real ni tratamiento efectivo para quienes sufren del juego compulsivo.
JUEGO PROBLEMÁTICO
A la fecha, cabe preguntarse: ¿existe un estudio serio sobre el nivel real de juego problemático en Argentina? Evidentemente, no. Además, los gobiernos municipales, provinciales y nacionales suelen interesarse en los juegos de azar principalmente por los recursos económicos que generan, imponiendo tasas e impuestos excesivos comparables a actividades consideradas ‘peligrosas’, como la venta de alcohol o los clubes nocturnos. Estos gravámenes dejan en desventaja al juego legal frente al ilegal, que opera libremente sin regulación ni cargas fiscales. Incluso el Banco Central de la República Argentina ha catalogado al juego de azar como una “actividad peligrosa”, sumando obstáculos adicionales. En consecuencia, queda mucho trabajo por hacer, ya sea en comunicación con el sector financiero y la sociedad en general, así como con una muestra más clara de cómo los recursos acumulados por la recaudación benefician a distintos segmentos con acciones en salud, deporte, educación, etc.
Finalmente, deseo que esta columna sirva como introducción a una serie de notas donde compartiré las experiencias y vivencias obtenidas en los más de 48 años en los que trabajé en mi querido Instituto Provincial de Juegos de Azar del Neuquén (IJAN), participando activamente del crecimiento y la evolución del juego en Argentina. En futuras entregas, abordaré los aciertos y errores cometidos, así como las mejoras y desafíos superados. Los/as espero en mi próximo artículo.








