El célebre físico alemán Albert Einstein, creador de la Teoría de la Relatividad, sostenía que “Dios no juega a los dados”. De esta manera, negaba la aleatoriedad intrínseca existente en los acontecimientos de la vida a nivel cuántico.
No sólo negaba a la teoría cuántica, sino que también ignoraba a culturas milenarias como la hindú. En esta cultura, creían que los dioses Vishnu y Shiva decidían los eventos humanos mediante una partida de dados en un juego sagrado llamado Lilah. Es decir, el azar era el elemento que unía lo divino con lo humano. Coincidentemente, en la mitología griega, quienes participaban en este juego eras Zeus, Hades y Poseidón. Otra creencia que reafirma la unidad entre lo divino y lo humano mediante el azar es aquella que señala que la esposa del dios Vishnu (participante del juego sagrado) es la diosa de la riqueza, la prosperidad (tanto material como espiritual), la fortuna y la encarnación de la belleza llamada Lakshmi.
LAS CULTURAS Y EL AZAR
Así, vemos que, en casi todas las culturas antiguas, existen dioses del juego. En la mitología griega, ese papel le tocaba a Hermes. Entre los romanos, la diosa Fortuna cumplía ese rol. En la egipcia, era Thot. En la china, Nezha. Entre los aztecas, Macuilxóchitl.
En su obra Rinconete y Cortadillo, el autor del Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra, hacía referencia a Birján, antiguo dios del juego y a quien se le atribuye la invención de los naipes. Las diferentes religiones mantienen una fuerte relación entre las deidades representativas de los juegos, del azar, la prosperidad y la riqueza. Un ejemplo de ello es la mencionada Lakshmi; otro ejemplo es Macuilxóchitl, hermano de Xochipilli, dios del maíz y la fertilidad.
Como vemos, en toda actividad humana, el azar, la cultura y la religión se encuentran entrelazados íntimamente desde tiempos inmemoriales. Algunos pensadores, como el filósofo holandés Johan Huizinga, sostienen que el juego o actividad lúdica es anterior a la intervención humana. En su libro Homo Ludens, Huizing resalta este concepto aseverando que los animales juegan entre sí sin la necesidad de contar con la intervención humana o de pautas culturales. Otro ejemplo de esta preexistencia lúdica es que los niños aprenden a jugar antes que a hablar o caminar, ya que es un medio por el cual conocen el mundo.
Los juegos de azar y las apuestas han sido partes integrales de muchas culturas a lo largo de la historia, reflejando contextos y normas sociales únicos. Este rico tapiz abarca desde civilizaciones antiguas hasta prácticas modernas y ofrece una visión fascinante de cómo diferentes sociedades se han involucrado con los juegos de azar y habilidad. En un próximo artículo, seguiremos profundizando en esta muy interesante interacción de culturas y actividades en torno a lo lúdico.








