
El mundo iGaming, desde su aparición a finales de la década de los 90, siempre ha ido vinculado a los avances tecnológicos más punteros. Para aquellos que desconozcan este término anglosajón, se trata de aquellos juegos vinculados al azar y las apuestas que se llevan a cabo en el universo virtual. Y es que, en los últimos años, hemos podido ver cómo han ido apareciendo y consolidándose algunos avances en este sector como la inteligencia artificial, el blockchain o la realidad virtual.
Nuevas formas de llegar al jugador
Uno de los aspectos que más se han destacado de este tipo de entretenimiento es que con su salto a internet se han consolidado modalidades y variantes que antes era más difícil que se hicieran un hueco dentro de la sociedad. Esto se puede ver con el Texas Holdem poker disponible en cualquier momento del día y a través de plataformas especializadas que se adaptan a todo tipo de dispositivos inteligentes como las computadoras o los celulares, ambos potenciando la accesibilidad.
Más allá de los contenidos ‘responsive’, que son aquellos capaces de adaptarse a cualquier medida de pantalla, también cabe mencionar la apuesta que se ha hecho por el directo en los pasatiempos que lo permiten. Los juegos que en los salones físicos estaban presentados por un crupier de carne y hueso real encargado de dirigir la sesión, ahora ofrecen conectar con el profesional a través del streaming, viviendo la experiencia en directo como si uno se hubiera desplazado al local en cuestión.
Otro de los contenidos que ya están dando que hablar, pero que se tienen que terminar de consolidar, beben de la realidad virtual. Presente en muchos ámbitos, ya se está testando en algunos portales para crear un entorno virtual donde el usuario se sienta cómodo y se traslade mentalmente a él. Todo ello lo hace mediante diseños creados por computadora y sin obligar a moverse, pues es suficiente con enfundarse unas gafas y unos dispositivos manuales que permitan mover e interactuar con los elementos con total libertad.
Tecnología invisible para mejorar la experiencia
En los párrafos anteriores hemos mencionado tecnología que es fácilmente identificable por parte del internauta, pero hay mucha otra que no se ve con tanta facilidad y juega un enorme papel en la experiencia online del iGaming. Una de las más populares es la inteligencia artificial, presente en muchas industrias y que permite un sinfín de acciones. Estas van desde aumentar la seguridad con análisis automatizados y periódicos en las páginas, hasta la asistencia virtual, respondiendo a cuestiones e incidencias de la atención al cliente.
Mención aparte merece la gestión de los datos, algo conocido como big data y que cada vez tiene más peso dentro de las compañías de iGaming. Son muchas las informaciones sobre el comportamiento del usuario que se generan fruto de una actividad, y un buen estudio de estas ayuda a tomar decisiones más adecuadas. En múltiples ocasiones se combina con un sistema de algoritmos, capaz de detectar las tendencias con mayor éxito, lanzar recomendaciones a los clientes o avisar de los puntos de mejora de cara al futuro.
La cadena de bloques o blockchain, independientemente de cómo se conozca, ha producido una revolución silenciosa, pero de gran peso en materia de transparencia y seguridad. Esta tecnología permite que los datos más valiosos vinculados a la privacidad y a las transacciones se fragmenten y se descentralicen a través de la nube, evitando así que sean fáciles de caer en manos de terceros. De este modo, se garantiza una protección muy elevada que solo será accesible para aquellos que dispongan del permiso necesario.
A lo largo de la historia del iGaming, son muchos los avances que han ido apareciendo y transformando la experiencia de los jugadores: la primera migración a las computadoras, los simuladores de juego, la proliferación de nuevas modalidades o los distintos métodos de pago digitales. De momento, parece que el paso por el celular, la realidad virtual y la inteligencia artificial marcarán el futuro de esta actividad, que, si bien es cierto que está habituada a abrazar y adaptarse a los cambios, no pierde su vínculo con la tradición.









