
Por Nahuel Díaz, periodista y colaborador de G&M News.
¿Qué motivó la realización de esta investigación inédita sobre la relación de los jóvenes con los juegos de apuestas?
Hubo varios motivos. Uno fue la característica de cómo se presentó la problemática, sin demasiada bibliografía o información para entender el fenómeno. En otros países, había avances temáticos sobre esta particularidad en adolescentes y jóvenes, pero en Argentina, teníamos enfoques distintos de los consumos problemáticos y la ley de salud mental. Buscamos tratar de entender qué motivaba a los estudiantes a jugar. Por otro lado, nos preocupó el tratamiento de esta cuestión que empieza a circular en la sociedad, los medios y las organizaciones del Estado provincial en relacionar directamente esta problemática con la psicopatología. Se empezó a hablar de diagnósticos clínicos, poniendo la responsabilidad en el sujeto e ignorando que esas situaciones están atravesadas por otros factores, que tienen que ver con cuestiones sociales, culturales, económicas y particularmente con lo tecnológico y el fenómeno de la digitalización. Además, queríamos ver la prevalencia en jóvenes estudiantes universitarios. Entonces, la población del estudio comprendió primero un rango de 25 años, con una mayor participación entre 22 y 25, y después, sigue el rango de 18 a 21 años.
¿Cuáles fueron los hallazgos más destacados en torno a esta interacción?
Lo más representativo fue que no hay un vínculo patológico con respecto a los juegos de apuestas en línea. Eso es muy importante, porque descartamos en esta población una relación problemática con los consumos. Por otro lado, vimos el nuevo sentido del juego, porque lo lúdico está relacionado con las apuestas de dinero, y acá cambia el sentido del juego respecto a las características de la época. Lo venimos percibiendo a partir de investigaciones que se han hecho sobre las distintas maneras de consumir sustancias, formas que van variando, y con los juegos de azar sucede lo mismo. Los juegos de casinos existen hace mucho tiempo; sólo cambió el modo de consumo. Ahora, no es necesario dirigirse a un lugar físico para apostar, sino que eso está disponible literalmente en la palma de la mano y es efecto de la digitalización: entretenimiento accesible, disponible las 24 horas y en cualquier plataforma.
¿Cómo describiría la percepción de los jóvenes sobre los riesgos asociados a las apuestas, según los datos obtenidos?
Hubo preguntas sobre las impresiones que tenían y la mayoría decía que sabían que debían controlarse. Vimos así que se asigna un sentido negativo a las apuestas, sin que esto se justifique. Aprendimos también que creíamos que los jóvenes jugaban por dinero, que eso los motivaba, pero para ellos, ésta es la tercera opción en el nivel de representatividad. Los motivos son por diversión, entretenimiento, adquirir nuevas experiencias, y recién después vienen el dinero y la necesidad de evadirse en el juego. En números, un 31% dijo que lo hizo por diversión, mientras que el 17% eligió experimentar nuevas sensaciones.
Desde la Dirección de Salud Estudiantil, ¿qué estrategias están considerando para abordar los problemas identificados en la investigación?
Durante la investigación, pensábamos en el hecho de adquirir conocimiento para entender la problemática y poder diseñar políticas públicas. Seguimos afirmando, más allá que no exista una relación problemática, que hay un 35% que nunca había jugado y un 63% que al menos lo hizo una vez. Esto habla de que tenemos que seguir trabajando en prevención y promoción de la salud. Desde la Dirección de Salud Estudiantil y Bienestar Universitario de la Universidad de Cuyo, continuamos impulsando abordajes comunitarios respecto a la salud mental. Nos importa lo comunitario, por eso ofrecemos abordajes grupales, reflexión y talleres que hacemos en las unidades académicas, porque la salud mental se visibiliza mucho en la postpandemia y es algo que reclamaban los estudiantes. Salimos a trabajar con Hablemos de Salud Mental, una demanda que vemos en la clínica en abordajes individuales y pedidos de los jóvenes. Se refiere a la ansiedad y situaciones de estrés que padecen, porque hablar de salud mental y prácticas de cuidado incide en que haya conductas de cuidado alrededor de los juegos.
¿Cómo pueden los padres, docentes y la comunidad educativa contribuir a la prevención del juego problemático?
Es una responsabilidad de todos, porque nuestro grupo etario son mayores, lo que no quiere decir que los referentes desaparezcan. Vivimos en una sociedad hiperconectada, de satisfacción instantánea, atravesada por la digitalización, pero eso no es lo único que interesa a los jóvenes. Lo importante es cómo la universidad fomenta el juicio crítico. Todos somos consumidores y elegimos qué compartimos, cómo nos enganchamos, las prácticas que realizamos. Hay que trabajar que la subjetividad no esté atravesada sólo por los juegos en línea y de apuestas. Prohibir que no apuesten sería absurdo; tenemos que difundir el concepto de que el exceso no es una buena elección, que hay otras cosas más allá de lo que ofrece del mercado.
¿De qué manera la Dirección de Salud Estudiantil profundizará esta investigación?
Si bien no hay una situación de consumo problemático, éste es un primer estudio, una aproximación que nos arrojó un primer aprendizaje. Segundo, esto sigue valorizando la promoción de la salud, en la que trabajamos constantemente. A futuro, debería haber otra investigación para desarrollar un estudio comparativo. Tenemos que seguir observando y trabajando para aprender, a fin de controlar la problemática y evitar su incidencia a nivel de la salud.







