
Por Ulises Gil, periodista de G&M News.
La industria global de los Esports está experimentando una transformación significativa. Tras la decisión anunciada a fines de junio de 2025, la reconocida desarrolladora de videojuegos Riot Games habilitó formalmente los patrocinios de casas de apuestas deportivas en sus ligas profesionales de League of Legends y Valorant. Sin embargo, fue recién en las últimas semanas de julio de 2025 cuando esta política comenzó a materializarse, con equipos profesionales recibiendo propuestas formales de patrocinadores vinculados al juego online y las apuestas.
Según confirmaron diversas fuentes, varios clubes del ecosistema competitivo de Riot iniciaron negociaciones con operadores de apuestas debidamente licenciados. Para concretar los acuerdos, deben cumplir una serie de requisitos que la empresa considera “fundamentales para proteger la integridad competitiva” y la imagen de sus marcas.
Uno de esos pilares es la prohibición total de mostrar marcas de apuestas en las camisetas de los jugadores, transmisiones o canales oficiales. Además, los equipos deberán implementar protocolos internos de integridad, contar con proveedores de datos oficiales (como GRID Esports) y reinvertir parte de los ingresos obtenidos en el desarrollo de ligas de menor escala (Tier 2).
El trasfondo económico es contundente: de acuerdo a estimaciones del sector, las apuestas en juegos como LoL y Valorant habrían movido más de US$10.000 millones en 2024, sin que Riot Games recibiera participación directa. Ante la contracción del ecosistema pospandemia y la disminución de sponsors tradicionales, el nuevo enfoque de la compañía apunta a generar ingresos estables, descentralizados y con reglas claras.
Desde el punto de vista empresarial, la medida se alinea con un creciente interés por parte de los operadores de iGaming, quienes ya están integrando verticales específicas para Esports en sus plataformas, incluyendo mercados en vivo, microapuestas y bonos promocionales para eventos competitivos. Distintas firmas están recibiendo financiamiento récord para escalar su tecnología y ofrecer productos de alto valor agregado a casinos y casas de apuestas.
No obstante, la política también ha desatado críticas dentro de la comunidad. Jugadores y seguidores advirtieron sobre la posible normalización del juego en audiencias jóvenes, además de riesgos como la manipulación de resultados o el aumento de conductas problemáticas. Desde Riot, respondieron que la nueva política fue diseñada para minimizar estos peligros, enfocándose en mercados regulados y sin modificar la experiencia del espectador casual.
En paralelo, reguladores de distintas jurisdicciones, como Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, siguen de cerca la evolución de esta apertura. Es probable que, en los próximos meses, se discutan nuevas pautas para supervisar la actividad de las apuestas vinculadas al ecosistema competitivo de los videojuegos.
En definitiva, el desembarco formal de las apuestas en las ligas de Riot Games marca un punto de inflexión para los Esports. Se trata de una iniciativa con potencial de generar ingresos significativos para equipos, desarrolladores y operadores del juego, aunque también plantea desafíos éticos, comerciales y regulatorios que aún están en plena discusión.







